miércoles, 26 de noviembre de 2008

Antorcha

Paseando por la calle, fijé mi vista en ver pasar un coche que iba excesivamente lento. Supongo que no tendría prisa o simplemente que la conductora no tenía ganas de llegar a su meta.Se trataba de una señora iba enfrascada en una conversación acalorada con su pareja, un señor de aproximadamente la misma edad que ella, que se empeñaba en mirar por la ventanilla mientras ella gesticulaba y conducía a la vez. Pensé que, dijera lo que dijera, él estaba en su mundo en el que parece ser que no entraba ella por mucho que le diera con los puños en la puerta. Sin embargo a mí me dejó entrar: al pasar por mi lado, de tan lento que marchaban, le dio tiempo a sonreírme y encoger sus ojillos de ratón para decirme adiós. Yo, que soy más bien corta de vista, pensé que me conocería ( conozco a mucha gente cada año y a veces me cuesta ponerles nombre), sin embargo, no era así. Quizás me dijese con esa sonrisa que todo está bien, que a mal tiempo buena cara y que ya arreciaría la tormenta. En realidad eso es lo que deberíamos hacer todos ante los truenos y relámpagos de nuestra vida diaria: sonreir a alguien que pasa por la calle y pasar la antorcha del buen humor de uno a otro, para que tu mal día sea un buen día para otros.

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